Por Roxana Stoehr
En los últimos dos años comenzó a instalarse en plataformas como Instagram y Tiktok, la tendencia de un movimiento de mujeres que difunden contenido dedicándose a tareas de cuidado del hogar y la familia y hoy vuelven a estar en el centro de los debates en redes sociales. Las denominadas "tradwife", cuya traducción es "esposa tradicional", son mujeres que efectúan una defensa de los roles de género de un hombre/marido, proveedor de sustento económico y emocional y de una mujer/esposa complaciente y servicial en materia doméstica.
Es necesario señalar que el foco no puede estar en lo que cada mujer decide desde su individualidad y deseo, sino en la construcción social que se produce al exponer, en las plataformas digitales más utilizadas por las jóvenes que están formando su identidad, que una mujer es próspera cuando limita su participación en la esfera pública para satisfacer a un otro, que se encuentra en condiciones superiores de poder y cómo eso refuerza aquellos estereotipos que los feminismos venimos tratando de deconstruir.
El lingüista y filósofo,
George Lakoff, explica que estas construcciones discursivas se aprehenden
debido a que “la gente piensa mediante marcos”, es decir, estructuras mentales
que determinan cómo vemos el mundo. Para este investigador, los modelos de
familias contribuyen a construir una identidad social y política, y las
elecciones de la esfera privada se trasladan a la esfera pública.
En su libro "No
pienses en un elefante” Lakoff explica:
Puesto que el matrimonio es central para la vida familiar, tiene una dimensión política [...] La política conservadora y la progresista se organizan en torno a dos modelos muy diferentes de vida matrimonial: la familia del padre estricto y la familia de padres protectores. La política conservadora contemporánea convierte los valores familiares del padre estricto en valores políticos: autoridad jerárquica, disciplina personal, poder militar.
Para él, las personas, al elegir representantes, votan por lo que los identifica, no a favor de sus intereses. Eligen según lo que admiran. Esto explicaría, en parte, porque las clases populares votan gobiernos liberales que venden valores de superación personal, meritocracia y que les dicen que pueden lograr todo lo que se propongan sin depender de nadie. Hoy, vemos que los modelos de familias que se constituyeron como la norma décadas atrás, se vuelven a instalar como modelo a seguir, en un contexto donde los gobiernos de ultraderecha llegan al poder gracias al voto popular, no por las políticas de gestión que éstos adoptan sino en función de la alienación que surge como efecto ideológico de los discursos que, según explica Barthes, se da cuando las clases populares deshistorizan las relaciones sociales dentro de una economía basada en la explotación y creen que son procesos naturales, por lo tanto indiscutibles. Considerar que una mujer es empoderada cuando puede ocuparse sola de todas las tareas domésticas y, a su vez, estar siempre armoniosamente vestida y maquillada, mientras difunde su contenido y gana dinero desde su casa, una Todopoderosa que no descuida su rol de madre y esposa, es continuar con los paradigmas de roles de género que nos venden como si fueran parte de la naturaleza, y es reducir la participación del Estado en nuestras vidas.
¿Y qué pasa cuando una mujer que se ve sometida a la doble jornada laboral, toma estos modelos como ejemplo?
Según un
informe de ONU Mujeres, las mujeres realizamos 2,5 veces más trabajo de hogar y
cuidado que los hombres. El fenómeno de desigualdad que atravesamos las
mujeres, que además de tener una jornada laboral remunerada nos vemos sometidas
a una segunda no remunerada, que es la doméstica, es lo que se denomina doble
jornada laboral. Quien, además, ejerce una tarea comunitaria, como suele
suceder en barrios populares, está siendo sometida a una triple jornada
laboral. Y si a esto se suma el deseo de formarse académicamente, los costos
que implica tener esas cuatro jornadas son menos tiempo para el descanso, para
el ocio, para los vínculos, menos salud, más presión social. En un contexto
así, ¿cómo impacta ver que podés ser generadora de contenido desde la comodidad
de tu casa, solo por el módico precio de ser esposa y madre?
En Argentina, según datos publicados por el observatorio Ahora que sí nos ven, en lo que va del año se registró un femicidio cada 35 horas, donde en el 64 % de los casos, el femicida era pareja o expareja de la víctima y el 45,6 % tuvieron lugar en la vivienda que compartían. ¿Cuánto puede aumentar ese número en un país donde el Estado decide retirarse de las responsabilidades y financiamiento de esas áreas, como sucede con la gestión actual de Javier Milei? ¿Es un contexto seguro para que las mujeres apuesten a ser “tradwife”?
Hoy, el desafío para los feminismos y la batalla
cultural está en construir discursos en los que no se impongan etiquetas y
entender que una mujer que elige ser ama de casa no es menos importante que
quien decide no ser madre y viajar por el mundo, que una mujer no es empoderada
por someterse a una sobreexigencia de mandatos culturales, ni lo es cuando
accede a la misma posición que un hombre, sino que la verdadera revolución y lo
que empoderaría a cualquier mujer sería contar con las mismas herramientas que
los hombres y desde ahí poder elegir.


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